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sábado, 31 de mayo de 2014

Análisis de 'La firma en blanco'

En palabras del propio René Magritte: «las cosas invisibles pueden ser visibles. Si alguien va a caballo por un bosque, primero se le ve, después no, pero se sabe que está allí. En la Firma en blanco, la amazona oculta los árboles y los árboles la ocultan a su vez. Sin embargo, nuestro pensamiento abarca a las dos, la visible y la invisible. Y yo utilizo la pintura para hacer visible el pensamiento».

La firma en blanco (1965)
A decir verdad, el cuadro reflexiona sobre la fragmentariedad de la visión en dos niveles distintos: en la realidad y en las convenciones de la representación. En la realidad, una figura situada más allá de una red, o como aquí una espesura de hojas se nos muestra en fragmentos, pero no tenemos ninguna duda acerca de su unidad: de hecho, parece que la vemos entera.

Son distintos los términos de la cuestión cuando nos ponemos ante una representación bidimensional, en la cual lo que está delante está pintado sobre lo que está detrás y viceversa (así, la figura de la amazona aparece pintada aquí sobre un único tronco de árbol).

Este cuadro funde los dos problemas en una única imagen, que logra infringir las reglas en las que se basan los dos. Pero la visión sigue siendo interesante, porque presupone que también la realidad (o mejor, la visión que tenemos de ella) no es otra cosa que una abstracción.

lunes, 31 de marzo de 2014

Análisis de 'Tentativa imposible'

Tentativa imposible (1928)
Se cuenta que el pintor griego Apeles pintaba tan bien los caballos que los caballos de verdad, al pasar ante ellos, relinchaban saludándolos. Es también célebre la anécdota de Miguel Ángel, quien, al terminar su Moisés, le dio un sonoro martillazo en la rodilla, exclamando "¿por qué no hablas?".

René Magritte hace en Tentativa imposible una referencia explícita a esta tradición artística dando vida a su amada esposa, Georgette. Pero en el cuadro de Magritte el artista no pinta una copia tan fiel al modelo que imita la vida o la adquiere: pinta, literalmente, al modelo. Es una tentativa imposible, pero que se torna posible en pintura, donde el artista es una imagen al igual que lo que pinta.

La reflexión del pintor surrealista no se detiene, banalmente, en las capacidades miméticas de la pintura, sino que va más allá, indagando la ambigua relación existente entre la realidad y su imagen, entre el mundo en que vivimos y aquel, absolutamente autónomo, a que puede dar vida la pintura. La imagen no se ajusta al modelo; como mucho, el modelo puede esforzarse por parecerse a la imagen. Pero esta tiene vida propia y, en la superficie de un cuadro, la imagen de un pintor puede pintar verosímilmente la imagen de la mujer que ama, real porque comparte su misma realidad, su misma condición de imagen.


Dicho esto, queda el hecho de que lo representado es, en primer lugar, un acto de amor. La imagen puede no ajustarse al modelo, pero el modelo de este cuadro, como de muchísimos otros cuadros, es su mujer, Georgette, con la cual el artista se hará fotografiar en una tentativa (esta sí imposible) de repetir en la realidad el acontecimiento imposible en el lienzo.

jueves, 13 de febrero de 2014

Análisis de 'Los amantes'

Los amantes (1928)
Esta es la versión más famosa de un tema que aparece con frecuencia en la producción de René Magritte en estos años; en otros casos se ve a los amantes con la cara descubierta o juntando tiernamente los rostros. Aquí se unen en un beso apasionado, pero sus rostros están cubiertos por una tela blanca que oculta sus rasgos.

Magritte podía encontrar infinidad de rostros parcial o totalmente ocultos por máscaras en las novelas policíacas de las cuales era voraz lector. El tema se inserta a su vez en la cuestión, más compleja, de lo visible y lo invisible, sobre la cual vuelven muy a menudo el artista: «un objeto puede implicar que hay otros objetos detrás de él», escribe en 1929 en Las palabras y las imágenes.

Por último, el beso entre los dos amantes es una imagen decididamente perturbadora, que habla de muerte y de la imposibilidad de comunicarse. Ocultos tras sus sudarios, los personajes se intercambian un amor mudo, incapaz de un lenguaje que no sea el del cuerpo. No es difícil distinguir una relación con Héctor y Andrómaca (1917) de Chirico, donde dos maniquíes de cuerpo entero intentan un análogo abrazo imposible en una atmósfera de melodrama. Pero en Magritte el mélo se tiñe de negro, y si bien los maniquíes, en su total alteridad, conservan cierta distancia con el espectador, aquí la angustia es difícilmente evitable: no estamos ya ante una humanidad simulada (el maniquí), sino negada en sus rasgos esenciales, mutilada de su individualidad.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Análisis de 'La traición de las imágenes'

La traición de las imágenes (1929)
La traición de las imágenes (La trahison des images en francés) es una de las numerosas varaciones sobre el tema de la pipa pintadas por René Magritte entre 1928 (año del Uso de la palabra) y 1966 (cuando pinta Los dos misterios).

En las primeras versiones, la imagen es más simple, con la pipa pintada ante un fondo uniforme, acompañada del rótulo en cursiva Ceci n'est pas une pipe, «esto no es una pipa», como muestra la imagen de la izquierda. Las siguientes tienen en general a aumentar los elementos de la ficción representativa, haciendo que la piapa proyecte una sombra o colocándola dentro de un marco pintado y haciendo de manera que el humo del tabaco pase por delante de ella, o pintándola como suspendida delante de un plano de madera con vetas.

Pero no hay ilusión que dure: la pipa se obstina en no se obstina en no ser una pipa, lo cual confiere al sistema de Magritte una dimensión adicional, añadiendo a la contestación pasional de la imagen pintada la contestación premeditada del lenguaje. Una contestación que parte de una reflexión muy simple: «¿Quién se atrevería a mantener que la representación de una pipa es una pipa? ¿Quién podría fumar en la pipa de mi cuadro? Nadie. Por lo tanto no es una pipa», diría el propio Magritte sobre su obra.

Sin embargo, una vez que la idea se ha transformado en imagen, las cosas se complican. Según Suzi Gabli,, en este cuadro el pintor belga «nombra lo que no necesita ser nombrado (porque es ya familiar) y lo hace negando que sea lo que es. Aunque la imagen y el texto están evidentemente correlacionados, es difícil decir si la afirmación del texto es verdadera o falsa. No es una contradicción ni una tautología, ni una verdad necesaria, pues nada puede ser una pipa y una no pipa».

jueves, 12 de diciembre de 2013

Introducción a René Magritte (1898-1967)

René François Ghislain Magritte (Lessines, 21 de noviembre de 1898 - Bruselas, 15 de agosto de 1967) es uno de los primeros en integrarse en la corriente surrealista. Es también el ejemplo intelectual más impresionante de la idea literaria, filosófica o de teoría del arte que hay en el movimiento.

Canción de amor (1914), Giorgio de Chirico

Sabemos que cuando el pintor vio una reproducción del cuadro Canción de amor de De Chirico sintió, como escribiría posteriormente, que «representaba una ruptura completa con los hábitos mentales de los artistas que están aprisionados por el talento, el virtuosismo y las pequeñas especializaciones estéticas: era una visión nueva...». Él siguió esta línea de trabajo durante casi toda su vida, y muchas de sus imágenes oníricas, pintadas con exactitud meticulosa y expuestas con títulos desconcertantes, son tan memorables precisamente porque resultan inexplicables.

En lugar de trasladar el aspecto de lo surrealista a sus cuadros, construyó enigmas con componentes de la realidad, señalando lo absurdo en ese proceso. Su tema no es una invocación de lo inconsciente, sin ola voluntad de desconcertar al espectador y su percepción habitual enfrentándonos a elementos dispares, incompatibles, ajenos los unos a los otros. Así, Magritte pretendía hacernos reflexionar sobre la naturaleza de la realidad y nuestras suposiciones tácitas respecto a ella, así como acerca del arte y la percepción en general.

Para provocar un giro mágico y poético de lo cotidiano y sacar al espectador de su autocomplacencia se la sorpresa. Esto consistió, en sus primeros cuadros «criminalistas», en volver del revés situaciones familiares: en El asesino amenazado (1926), el asesino es la víctima; en La diversión (1927), una chica se come a un pájaro.

Los dos misterios (1967)
La concepción de Magritte de una interacción entre pintura y poesía, objeto e idea, magia y reflexión se manifiesta claramente en las obras en que se niega verbalmente la identidad del objeto reproducido. El más famoso es la pipa pintada con el título de Ceci n'est pas une pipe (1928-9). Cuarenta años después, el pintor repita el tema, pero esta vez el cuadro de la pipa con su título negado estaba colocado en un caballete, dentro un cuadro más grande que contenía una pipa de mayor tamaño flotando en un espacio vacío. Su irónico título es Los dos misterios (1967). En ambos casos se indica que una pipa pintada no es una pipa real; la pipa flotante hace una referencia una vez más a este hecho, pero no es más real o tangible que la pipa original, sino solo una reproducción de esta.

Golconda (1953)
Sus cuadros dentro del cuadro manifiesta líneas de pensamiento similares, como en la tela La condición humana (1933), en la que la vista «real» que se ve a través de una ventana se mezcla con un fragmento pintado de la misma vista colocada en un caballete delante de la ventana.

Entre sus muchas representaciones de un hombre con abrigo y sombrero negros pueden destacarse Golconda (1953), en el que una gran cantidad de estos parecen caer del cielo (o bien flotar en disposición geométrica) sobre una ciudad como si fueran gotas de lluvia, o El hijo del hombre (1964), en el que el hombre, sobre un fondo marino y brumoso, tiene una manzana frente al rostro.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

La fase automática y la materialización del sueño

Originariamente, los surrealistas se fascinaron por los procedimientos de creación automática, sin control, de la razón, que producían resultados fascinantes. La llamada «escritura automática» hacía aflorar imágenes inesperadas, fruto de la asociación inmediata de palabras dispares, que emanaban del pensamiento sin el control de la mente. Hubo también dibujos automáticos, como los de André Masson (1896-1983), cuyas líneas parecen fluir, formando, en ocasiones, figuras o formas imprecisas que no habían sido ideadas previamente. No obstante, los surrealistas suelen moverse entre el puro azar y un cierto control de sus resultados.

Por ejemplo, el alemán Max Ernst, originalmente vinculado al dadaísmo, es el inventor del «frotamiento» (frottage), que consiste en pasar un lápiz por encima de un papel o lienzo después de haber sido colocado encima de una superficie con relieve; así se obtiene una especie de calco que el artista completa después. También yuxtapone formas inconexas, ya sea en pintura o en collage. En este caso, utiliza viejo grabados con motivos diversos, que recorta y pega, produciendo imágenes nuevas, de extraña significación e inquietante efecto poético.

Divisibilidad indefinida (1942), Yves Tanguy
Un buen número de surrealistas orientaron su creatividad a hacer nítida la visión interior, generalmente en relación con la extrañeza que producen los sueños, tanto por su contenido como por las relaciones ilógicas que se establecen entre los espacios y el impreciso significado de las cosas. Las pinturas de Yves Tanguy (1900-1955) recrean espacios visionarios que tanto parecen desoladas llanuras o inciertos océanos como remotos lugares siderales, donde hay elementos indefinidos, de carácter biomórfico, a veces con alusiones sexuales difíciles de explicar, como si fueran inmersiones metafóricas en el interior del subconsciente.

Mucho más explícitos del deseo manifestado durante el sueño resultan los cuadros de Paul Delvaux (1897-1994): por un mundo de penumbra, de arquitecturas clasicistas, parecen vagar figuras femeninas desnudas y esqueletos, en una asociación tortuosa entre el amor y la muerte, formulada como la visión de una pesadilla.

Aparte de los españoles Miró y Dalí, uno de los artistas más populares del surrealismo es el belga René Magritte (1898-1967). A menudo explora las contradicciones de la visión, como una subversión mental de aquello que, en principio, debemos contemplar con una determinada lógica. Sus obras están ejecutadas con una técnica pulida, casi industrial, con objeto de aludir al carácter conceptual de la representación.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Catálogo de obras y autores surrealistas

En este enlace podéis ver un ilustrativo catálogo de sesenta obras surrealistas realizadas por siete artistas: René Magritte, Man Ray, Max Ernst, Salvador Dalí, Yves Tanguy, Leonora Carrington y Remedios Varo. Una perspectiva amplia de buena parte de los pintores que configuraron este movimiento, y un recorrido visual por las obras más significativas de todos ellos, lo cual permite conocer de forma bastante clara en qué consiste el surrealismo.